Casas a la malicia, la picaresca inmobiliaria madrileña

10 Ago

casas a la maliciaLas casas a la malicia son parte de una de las mayores características del urbanismo madrileño. Referente claro del refrán castellano “hecha la ley, hecha la trampa”, nos muestran como la inteligencia colectiva trató de frenar una ley que consideraban injusta.

Para explicar lo que son las casas a la malicia, debemos empezar hablamos de la Regalía del Aposento.

Regalía del Aposento, impuesto medieval

Para entender la Regalía del Aposento, debemos tener en cuenta que la Corte de Castilla era itinerante. Esto significa que en la Edad Media no existía una capital como tal. Los reyes de Castilla y su séquito iban moviéndose entre las poblaciones más importantes de la época: Toledo, Segovia, Ávila, Valladolid, Sevilla, Medina del Campo, Madrigal, etc.

Cuando la Corte llegaba a una nueva población, donde podían estar meses, necesitaban alojamiento. Los funcionarios reales, soldados o incluso los embajadores extranjeros necesitaban un lugar donde vivir y dormir.

Como solución se creó la Regalía del Aposento, que funcionaba como una especie de impuesto. Todas las personas que tenían una vivienda con al menos dos plantas debían ceder la superior para la acomodación de las personas de la Corte que lo necesitaban de manera gratuita.

Madrid, capital permanente del reino

Este sistema funcionó bien hasta el año 1561, cuando Felipe II nombra a la villa de Madrid capital del reino de España de forma permanente. Hay que tener en cuenta que Madrid era entonces una ciudad más pequeña que Toledo o Valladolid. En la actual capital solo vivían 15.000 habitantes. Sin embargo, un grave incendio en Valladolid hizo que el rey decidiera establecerse en Madrid de forma permanente.

En ese momento, la Regalía del Aposento se convierte en un problema para la ciudad. No es lo mismo ceder una planta de tu casa para unos meses o un par de años, que hacerlo de manera definitiva.

Las personas más acomodadas tuvieron más suerte. Por contar con el favor del rey o comprando una exención podían evitar tener que ceder dicha planta. Sin embargo, para la mayor parte de los propietarios fue un grave problema.

La legislación se adaptó a Madrid y había 3 tipos de cargas al aposento:

Tipos de cargas al aposento en Madrid (s. XVI-s. XVIII)

Casas sujetas al aposento material

Eran las casas que debían ceder la planta correspondiente. Si tenía al menos dos plantas, la planta superior servía para el alojamiento de funcionarios, cortesanos, soldados o embajadores.

Casas de incómoda partición

Estas casan eran aquellas que hacían dicha partición o división muy complicada, ya fuera por motivos de estructura o construcción. También entraban aquí las que no tenías las características exigidas.

Esto no quiere decir que no pagaran dicho impuesto. Tenían que hacer frente a un canon que solía corresponder entre el tercio y la mitad del valor que tendría el alquiler de la planta superior. En otras ocasiones, se llegaban a diferentes acuerdos. Por ejemplo, si un propietario tenía dos viviendas, podía ceder una y quedarse la otra por completo.

Casas privilegiadas

Eran aquellas casas que habían comprado la exención del alojamiento o lo habían conseguido por donación real. Correspondían con las familias más importantes y adineradas y no estaban obligadas a acoger a nadie.

casa a la malicia madrid

En la fachada principal solo una planta, en el lateral (que no estaba a la vista) tres

¿Qué son las casas a la malicia?

Las casas a la malicia corresponden a la segunda tipología: casas de incómoda partición. Se trata de casas construidas expresamente para evitar el alojamiento a la Corte.

Para ello, se buscaban diferentes artificios para que los inspectores no pudiesen calibrar los pisos del edificio. Por ejemplo, se ocultaban grandes habitaciones con un techo abuhardillado que diera al exterior, se ponían pequeños ventanucos de forma irregular que daban a grandes aposentos, se instalaban falsas buhardillas, etc…

La cuestión es que desde fuera no se pudiera saber si la casa tenía una o dos plantas.

Aunque fuera una solución inteligente para evitar alojar a funcionarios, este tipo de casas no eran muy útiles. Generalmente eran oscuras y desaprovechaban gran parte del espacio. Por ese motivo, con el paso de los años se han ido sustituyendo.

En la actualidad, solo quedan tres de las mismas en todo Madrid. La más famosa la podemos encontrar en la esquina entre la calle de los Mancebos con la calle Redondilla. Las otras dos se sitúan en la Calle del Pez y en la calle Conde, algo antes de la Plaza de la Cruz Verde. Por último, hay quien afirma que aún sobrevive otra en la calle del Rollo, algo discutido por los expertos.

Las casas a la malicia, origen del Catastro

Quizá, lo más interesante sobre las casas a la malicia es que supusieron el origen del Catastro actual, un organismo que mencionamos a menudo en Templo Consulting. Estas viviendas supusieron un grave problema para las autoridades, que querían que todos los vecinos cumplieran la ley.

Por ello, se creó la Visita General realizada entre 1749 y 1759 de la Planimetría General de Madrid y el Catastro de la Villa y Corte, origen del Catastro actual. Fue la primera vez que se tenían en cuenta los planos del interior de la vivienda, la única forma de saber si era una casa a la malicia o no.

Curiosamente, fue en ese mismo siglo cuando la Regalía del Aposento se terminó derogando. En esa época Madrid ya era una de las ciudades más pobladas de España y uno de sus centros económicos más importantes. Doscientos años después, ya podemos decir que Madrid es la ciudad más habitada del país y la que genera un mayor Producto Interior Bruto en términos absolutos.

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